lunes, 16 de abril de 2007

JOSÉ DANIEL ESPEJO
















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Bio-bibliografía

Licenciado en Pilología Pánica por la Universidad de Murcia, ha residido además en Sarajevo, Mánchester y Zagreb, desempeñando diferentes trabajos, desde lector becado de español a agente de una casa de apuestas. En la actualidad vive otra vez en Murcia, donde sigue procrastinando la tarea, que tal vez le supera, de traducir al poeta sufí bosnio Mak Dizdar al castellano. En los ratos libres, prepara un libro más que se llamará, probablemente, La luz del sol entre los árboles. Ha publicado, mediante accésits y premios, Los placeres de la meteorología (Nausícäa, Murcia, 2000), y Quemando a los idiotas en las plazas (Universidad de Murcia, 2001). Música para ascensores, su tercer libro, aparecerá a finales de este año en la Editora Regional de Murcia. Ha colaborado con las revistas Isla desnuda, Civiles iletrados, El coloquio de los perros y Hache. Administra los blogs Trabajando con el vacío, sobre su work in progress, y ¡Famosos en acción!, donde entrevista a poetas contemporáneos. Colabora como letrista con el grupo de nu jazz Venueconnection.
Tiene un hijo y una mujer. Milita a distancia. Escucha discos y visita los bares y las cumbres que rodean su ciudad: si encontrara la forma de hacer entrar todo eso en un poema no estaría ahora aquí, hablando con ustedes. Pero lo sigue intentando.








Poética





No dice que la poesía no sea un viaje al corazón de las tinieblas. Ni que una poética no consista en el camino de vuelta. Pero se le ocurre que, en esos trayectos A-B y B-A, el punto B no es conocido. Viajar sin saber adónde va uno es normal. No saber de dónde se viene no tanto. Visualiza a esos enfermos de Alzheimer con quienes trabajó Chuck Palahniuk, que inventaban cada día una historia distinta cuando les enseñaban una foto de su mujer, con tal de no reconocer que no tenían ni puta idea de quién era esa señora. O visualiza a alguno de esos inocentes borrachines de posguerra a quienes los amigos metían en trenes en mitad de la noche, por embromar. Lo que les contaban a los revisores, a la mañana siguiente. Qué quieren, visualiza a Alberto Closas, visualiza novios en el altar con escayolas falsas, cosas así. Si creen que estas imágenes son arbitrarias, esperen a leer sus poemas.











Poemas


SIXPACK



El mundo se hunde, pero todas
las semanas le añado un poema
o dos mientras pienso en El Bosco
y en Lawrence Ferlinghetti. Y floto,
y el barco está hecho de huesos,
y las palabras pesan.




KRIPTONITA



Para Ángel Gómez Espada



En la madrugada, sujeto a mi botella
de oxígeno para apnea, pienso en mi hermana,
y trato de dormirme.

El insomnio y la tristeza son costumbres
mucho más resistentes que una vulgar
insuficiencia respiratoria. Ya no fumo,
no hago nada en todo el día. Por las noches,
buceo.

Busco a mi hermana en las praderas de algas,
sueño que volvemos a hablarnos
y me despierto. Con una mascarilla
y un olor a sudor tan terrible en la funda de la almohada.

Aún no es de día y escribo
poemas como éste, o invento una charla
con frases perfectas como peces voladores
saltando entre mi boca y la suya.

Bodegones costumbristas. Si te fijas
se ve la kriptonita por detrás de la naranja.
Te pido perdón. No hago nada en todo el día,
y llega la noche, y enciendo la máquina.







LOS GRANDES TIBURONES



Nosotros que quisimos entregarnos
a la Teoría de la Literatura, recorrer
el prodigioso siglo XX en las obras tenaces
de formalistas, marxistas, o deconstructivistas,
etcétera etcétera henos aquí
rodeados de tiburones. Mira, fíjate,
una metáfora, dice alguien. Pero qué va:
los tiburones son reales.

2 comentarios:

Fernando Díaz San Miguel dijo...

Me ha gustado mucho esta muestra de poesía tuya, ese giro que das, que sorprende y —no sé si me explico— muestra el hueco en la palabra. Bueno, yo me entiendo. El caso es que me gusta cómo consigues generar, con acidez, con el uso de la desilusión, otra cosa.
Un saludo,
Fernando

Nazgul dijo...

Hace años José Daniel, Joseda, me publicó unos poemillas en un fanzine que sacó, Oh Poetry!. Yo creo que aún estabamos en la Universidad, tanto él como yo. Él ha seguido un camino más exitoso en las letras, cosa de la que me alegro sinceramente. Un saludo, Joseda, para alguien que rozó tu vida antes de viajes, mujer, hijo, premios gordos... ¡Acuérdate de los pobres, jejeje!