jueves, 29 de marzo de 2007

FRANCISCO LEÓN























Mencionado por:
Álvaro Valverde
Jordi Doce
Rafael-José Díaz
Annelisa Addolorato
Vicente Luis Mora
Ramiro Rosón

Menciona a:
Carlos Edmundo de Ory
Kostas Tirópulos
Màrius Sempere
Juan Antonio Masoliver Ródenas
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Eugenio Montejo
Antonio Méndez Rubio
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Jordi Doce
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Iván Cabrera Cartaya
Rafael-José Díaz
Melchor López



Bio-bibliografía

Francisco León (Canarias, 1970) ha publicado Cartografía (1999), Ocho pajazzadas para Salomé (1999), Tiempo entero (2002), Ábaco. Diarios (2005). En 2006 se publica Terraria, un libro de prosas con el que obtuvo el I Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere. Recientemente ha visto la luz Dos mundos (2007). Fue codirector de la revista Paradiso (12 número). En 1994, Andrés Sánchez Robayna seleccionó poemas suyos para la antología Paradiso (Siete poetas). Fue editor literario de la antología La otra joven poesía española (2003). Dirige las revistas Can Mayor (17 números) y Vulcane (12 números), y funda, junto a otros amigos, la revista Piedra y Cielo (4 números), de la cual es secretario de redacción. Pertenece desde hace once años al Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna.




Poética

Estoy convencido de lo siguiente: tomar conciencia de uno mismo con respecto al mundo y del lugar que ocupamos en él y en qué modo lo ocupamos, es decir, en relación a qué fundamentos morales y espirituales vivimos, es sin duda uno de los peligros que entraña la verdadera poesía. ¿Por qué? Porque la poesía es una autoplasmación de la conciencia, es una liberación del ser, es un antídoto contra los prejuicios y las verdades impuestas. Y cuanto más honda, trascendental y compleja sea la poesía, mayores serán sus efectos liberatorios sobre nosotros. «Todo conduce a pensar que hay un cierto punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo dejan de percibirse como contradicciones. En vano buscaríamos en la actividad surrealista otro móvil que la esperanza de la determinación de este punto.» Para André Breton y los surrealistas éste era un razonamiento indudable: la poesía despertaba al hombre o a la mujer verdaderos que llevamos dentro de nosotros. Es un tipo de revolución —y he aquí lo mejor de los poderes de la poesía— únicamente individual. Por lo tanto puede decirse que se trata de una revolución lenta, es cierto, pero que no da pasos atrás, puesto que nadie que alcanza un tipo de videncia superior elige como solución ulterior la ceguera.





Poemas


AMANTE Y CONOCIMIENTO

Los hilos invisibles que unen a los árboles
esta tarde. El amante que surge de su lecho,

sereno en la avenida de verano, que baja
hacia las aguas, con el conocimiento del amor

embriagando su mente todavía. Los hilos
de la luz, la avenida de palmeras, las sombras

en la unidad brillante de las aguas. Lo amado
y el amante se miran, y descifran los signos

de la tarde. El amante, que surge de su lecho
y comprende la luz, y ata todos los hilos

incandescentes, todo conocimiento —dice—,
lo amado y el amante, ¿no surgen del luz?





DICHO A UNA SOMBRA

Has vuelto al libro seminal,
tú, luminosa en los pálidos muros.

Vuelves cuando la tarde veloz se desvanece
al libro del principio,
el que tuvo sus páginas cegadas por el sol
estaciones perpetuas.

El libro negro,
el que el niño tocó en su sueño primero,
cuando andaba en los campos:

urna de muerte sobre la piedra negra.

Lee ahora su mensaje de redención, y bébelo,
y en él anúlate, y anúlanos, estrella,
lo mismo que en un bálsamo.






SIROCO EN UN DÍA DE CUMPLEAÑOS

Allí estaban las puertas de las sendas de la Noche y del Día,
enmarcadas por un dintel y un umbral de piedra.
Estas, etéreas, se cierran con enormes hojas
de las cuales la Justicia, pródiga en castigos, posee las llaves de usos alternos.
A ella la aplacaron las doncellas con suaves palabras
persuadiéndola hábilmente de que para ellas el cerrojo asegurado
quitara pronto de las puertas. Estas, al abrirse,
produjeron un insondable hueco entre las hojas…


Parménides



Oímos el chillido en los ramajes
formando aquella tarde de climas africanos
e insectos que flotaban aturdidos
bajo luces opacas.

Usted no se movía bajo ciegas
espirales de angustia por el cielo:
el cabello y la lámpara agitados,
los fulgores de espectros cambiantes sobre el muro.

Sólo duró un instante
su mano señalando en las malezas
la visión de un tejido temporal.

Era el hueco insondable, refugio de la diosa.

Usted no se movía.
Y su amigo el pintor
Frederic escuchaba las palabras,
miraba la ventisca
gemir sobre los árboles, agitar el jardín
como un ave furiosa que pasara
en ráfagas sedientas
golpeando las flores de la casa
con sus alas de muerte o de locura.

Vi el rostro del pintor, y a usted, paralizados,
y a mí mismo me vi, como en una pintura,
abajo en el asfalto,
en pie junto a mi coche,
comprendiendo la luz que caía
con pobres instrumentos racionales
a las puertas del tiempo.

Comprender es salvarse —dije—, pero
en esa comprensión de la sustancia
¿alienta la verdad,
el ave negra, los espectros, alguien
que hablaba en la terraza acerca de otro mundo,
el siroco africano que volvía
tal vez a un sacrificio de videntes?

Comprender es salvarse, ¿es esto cierto?
O sólo el puro fuego de la mente profana,
esforzada en soñarse a sí misma
bajo un orden supremo
que ni siquiera existe.

Gritaba entre las hojas la garganta del mundo,
y vi a dos descendientes de Parménides
discutiendo si el ser
se hallaba al otro lado del vacío
que allá adentro formaban,
en el aguacatero más humilde,
la ventisca y sus ramas.

Un rugido de nubes bajó sobre la tierra.
Quizá eran las Helíades, que habían regresado
con haces de centellas en las manos.

Cerré mi coche
y ustedes se giraron para verme.
La humana claridad los envolvió de nuevo
con túnicas mortales,
y usted me invitó a entrar
al templo cotidiano, a la prueba del tiempo.

1 comentario:

david santos dijo...

Hallo!
Te felicito por tu trabajo y agradesco tu poesia. Muy buena.
Gracias