lunes, 26 de marzo de 2007

DIEGO MEDINA POVEDA





















Mencionado por:
Diego Medina Martín
Raúl Díaz Rosales
Domingo C. Ayala
Julio Santiago

Menciona a:
Domingo C. Ayala Moreno
Joaquín Ríos
Francisco Ruiz Noguera
Leopoldo María Panero
Antonio Jiménez Millán
Nacho García Cabrera
Diego Medina Martín
Antonio Blanco Carrero
Raúl Díaz Rosales
David Leo García
Francisco Fortuny


Bio-bibliografía

Diego Medina Poveda (Málaga 1985). Estudia Filología Hispánica. Segundo premio Poesía para escolares “Poetas del 27” 2003. Segundo premio “UNIVERSIDAD DE MÁLAGA, 2005” Homenaje a Alfonso Canales. Primer accésit del premio de poesía “UNIVERSIDAD DE MÁLAGA, 2006”. Es parte del consejo de redacción de la revista cultural Synthesis. Es uno de los antologados por Francisco Ruíz Noguera en la antología de jóvenes poetas malagueños Frontera Sur. Aparece en los Catálogos de Valverde 32 editados por Raúl Díaz Rosales. Ha publicado en la sección cultural de El diario Sur de Málaga y en diversas revistas de literatura tales como: Robador de Europa, Synthesis, Liberlect, La plaza humana, La corná...



Poética

El caminante hace camino al andar. Por todos los sitios transita. El caminante cuando mira una rueda dice ver también surrealismo. Nunca estuvo en París pero yo lo vi beberse Alcoholes, escribir por los andenes al rumor del Sena y la uva vendimiada a una mendiga de cabellos rojos o a una que pasa y que como aquel poeta desde el Mirabeau acariciar quiso el vacío. Dice el caminante encontrar siempre en París una película distinta. Nunca nada es igual si se ha leído. Las calles son escenas, historias, planos cortos, la Seberg en el espejo o una teta de BB bajo la sábana... El caminante piensa que la poesía es un camino, y que el camino es también poesía. Dice, recordando a Kostro, que quien inventó la rueda fue un poeta. El poeta es un ingeniero de caminos y ficciones, y el caminante al final de la escapada se detiene: el poeta también.





Poemas



AMORES DIGITALES

Te diré por debajo de la mesa
lo mucho que te quiero
por estos subterfugios de madera,
te diré con palabras lo del tacto:
esa brisa bermeja que se hunde
entre tus piernas de alabastro.
Te diré que te quiero
con ese amor que dan los dedos:
amores digitales y analógicas risas;
nombraré el verano de tus muslos
y la calima roja de tu falda,
las ventoleras
que mis cinéticas manos desbordan
por los suburbios de tus telas
donde guardas
el corazón elástico de los besos
y esa dicha malévola que da el calor, el fuego
sin sentido y el honor vulnerado;
porque frente a frente somos
amantes luciferes que se miran
con los haces lascivos de los ojos,
porque yo solamente no quiero
contemplar tu belleza que levita
sobre el mantel de sucia urbe estampada,
yo quiero atravesar los edificios:
andamiajes de faros derribados
donde la única luz que me guiara
fuera esa flor que escondes en tus labios
y el oscuro sudor de tu aliento
exhalando el lugar de tu mundo en mi oído,
palabras que tú clavas en mis tímpanos
para que pueda yo anclar tus piernas
a mis mares airados.




CREPÚSCULO DE SOMBRA

He de salir, salir y no ser nada,
no ser palabra ya que arda en la boca,
he de salir como agua en el arroyo
en líquida estampida que desborda
el ser y nada guarda en su cauce;
caminar por recuerdos, las memorias
cercadas por los diques de este cuerpo
que vuelen y no sean ya memorias;
y después como el agua prosigue,
como deja de ser cosa corpórea
por mi frente en cascada se termina
y de ser deja para ser ya rosa,
rosa de luz, luz del alba que tiembla,
sombra y fuego, crepúsculo de sombra.
Y es que cuando la carne se ilumina,
cuando nace el estío en la gran bóveda
y de esta tierra irradia lo concreto
el agua del arroyo se evapora,
arde lo azul, y es eterna arriba...
Y así como eternas son las horas
quiero salir y ser eterno, Claudia,
que no me espere lo que todo borra,
y que llegue el crepúsculo y me haga alma,
y que llegue tu noche y me haga sombra.






SÍLFIDES DE SANATORIO

Como sílfides de sanatorio ellas
por estas calles pútridas caminan
cuántas veces
habrás observado
sus faldas abiertas
ondulantes
sus largas piernas levemente heridas
aire rasgado
o humo de fábrica
cuántas veces
Clement
habrá pasado
con su irrisoria flor marchita
en esos
labios
y tú
Lacombe
ni siquiera
eres ya el médico que un día fuiste
noche tras noche
al blanco son del Sena
y la roca
a esas ninfas
desde
tu andén contemplas
ahora
solo caminas
las uvas
al rumor de las aguas vendimiaste
son cuadros de París aquellas musas
que nada harían en los hospitales
let it bleed
te dices
Lacombe
en sitio alguno la brisa marina
encuentras
un naufragio es la vida
y mientras de tu vaso el vino bebes
al vino que es tu sangre
lúcidamente
cantas
y a ellas
a las que tú antes sanabas
más les pides que te hieran
Fiften men on the Dead Man´s Chest
Fiften men on the Dead Man´s Chest
Yahoo! and a bottle of rum!

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