viernes, 30 de marzo de 2007

ALEJANDRA SIRVENT























Mencionada por:
José Luis Piquero
Ada Menéndez
Santiago Bertault
Ana Vega

Menciona a:
José Luis Piquero
Benjamín Prado
Aurora Luque
Ángel González
Luis Alberto de Cuenca
Xuan Bello
Pelayo Fueyo
Elena Medel
Carmen Jodra
Miguel Alarcos
Lorenzo Plana




Bio-bibliografía

Alejandra Sirvent (Pravia, Asturias, 1980) es licenciada en Derecho por la Universidad de Oviedo. Actualmente, trabaja en el Instituto Asturiano de la Mujer y es vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Asturias. Es autora del libro Aquel Amanecer (Premio Asturias Joven de Poesía 1997), y de la plaquette Última Materia (Cuadernos de la Chancillería, Jerez, 2005). Colabora en distintas revistas literarias, como Clarín, Reloj de Arena o Formientu.





Poética

En mi caso, no puedo hablar sino de una poética sucesiva. No creo haber encontrado una voz propia aún, pero llegará. Experimento, busco, me busco. Durante estos años, he escrito poemas muy distintos, que han sido pasos necesarios para aquilatar mi opción poética. No obstante, voy precisando mi “caligrafía”, el trazo de la tinta con la que capturo algunos fractales de ese misterio incapturable que es la vida. Digamos que mi poesía va adquiriendo peso con el tiempo.
Creo en una poesía que está a la misma altura que los hombres. Nunca deja de mentir, aunque busque ser una poesía sincera -la poesía también es ficción, aunque sea la ficción más frágil-. Puede ser bella, le complacería ser bella, pero no sublime. Está llena de heridas, como las rodillas de los niños. Es clara, bebe de la claridad, pero no se niega el lujo, es más, sabe que su obligación es adentrarse en la noche. Dañar con la pregunta, en vez de sanar con la respuesta.






Poemas



TIERRA O PARAÍSO


Son eternos tus ojos
ADRIENNE RICH


Son eternos tus ojos.
A veces veo en ellos el ámbar de un recuerdo:
la tierra, el sol, el sexo,
un exceso de luz del extrarradio
que atraviesa un tren pobre como el final del mundo.
A veces un difunto
temblor, una palabra que ni siquiera existe
me hace revolverme detrás de ellos.
Veo entonces mi pelo, que es casto como el miedo
a morir. Te llevo de la mano, viento virgen,
y es visible la angustia de no ser más que un sueño.
Tu mano palpa frío, amor, sirenas,
y me ordenas morir en el delirio.
Sin mí, devienes libre ferozmente,
porque sólo era esto necesario,
amar tal vez así como dementes
o madres y retoños de las ratas.
Un tren parte de ti con mi mirada,
que es la tuya tal vez: penetra el tiempo
que se empeña en valer lo que un suspiro.
Son eternos tus ojos, sin embargo,
y vamos usurpando cada instante,
cada voz, cada luz, cada presencia.
Descubrimos los valles profanados
por el mito creciente de la infancia,
el azul de un soñar con otra tierra
que es Troya, en su fragor,
y es todo lo que aguarda al dejar Ítaca.
Con luz de adolescencia, cruzamos los eriales
donde pálidas parras provocaron
la sed de viña ardiente que tuvieron tus labios
cuando amaste de veras.
Dicen que fuiste Nadie entre unos brazos,
que fue así como urdiste- ojos verdes, leopardos-
tu venganza del tiempo. Tú hablabas de veneno
que no llega a dañar.
Mas todavía hoy sabe mi sangre
que no hay fábula o mundo
que se cierre a tus ojos.
Ondean olas, arcos de un pérfido verano.
Son eternos tus ojos, espejo de ficciones.
Son eternos tus ojos,
y del tiempo la tierra o paraíso
en el que amamos.



(Publicado en la revista Clarín, nº 63)






A JOSÉ LUIS PIQUERO

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde

JAIME GIL DE BIEDMA



Hay algo que es como una lejana muerte,
se instala en los ojos y se acuesta con uno
y pega chillidos en los palacios de su cabeza.
Realidad, amigo,
tal vez ya no me quieres como antes,
como cuando te escribía correos
con dedos puros
y el mundo todavía no era este horror blanco.
¿Recuerdas cómo te escribía aquel despiadado
deseo del verano en La Arena?
Recuerdo que era hermoso contarte cada imagen
que me separaba del olor brusco y real
del agua, de los rancios restaurantes
con toda la familia, de las barcas varadas
en una tierra negra.
Yo quería tener la piel morena y ser libre
como en los poemas de Gil de Biedma;
ser libre y ser hermosa, como todas.
Pero no soy hermosa y ya esta libertad
me parece la peor de las sogas.
Siempre fuiste los ojos severos que miraron
mi vida. No puedo entender qué insignificancia
magnética me hizo merecer todo tu tiempo.
He sido mala,
como un niño que sueña, como alguien que vomita.
Me he engañado a mí misma
pensando que podría ser feliz.
Amé con un ahogado misticismo.
Atrás quedan los hombres
que degolló el amor.
Si sólo se perdiera la cabeza,
enamorarse no sería trágico.
¿Sabes que me siento ridícula todavía
entre la gente? Siempre soy más grande
y más seria que las otras chicas.
Intento ser graciosa sin motivo.
Aunque ya no me importa ponerme colorada
como una cereza algunas veces.
Atrás quedan hombres bellos
como almendros en llamas,
como sórdidos tigres.
Sólo ahora después de tanto tiempo
quiero vivir, ya la muerte es amiga.
Mi corazón es la pista de circo
donde un malabarista blande antorchas
miserables para un único espectador.





A UN HOMBRE QUE CODICIABA
EL OCÉANO


A ti que has arruinado tu mirada
en límites azules, desgastados
por muelas, mascarones, cotidianas
tragedias, en una extensión dura salpicada
de palomas y triángulos rotos,
de obsesiones perdidas y de símbolos,
te escribo estas palabras que se acercan
al pórtico del infinito azul.

Aun sin rechazar lo miserable,
tú, y otros hombres de corazón inmenso,
adelantáis la mirada y lográis romper los límites
cotidianos. Una explosión de sombras:
Coyoacán, Santo Domingo, ojos grises
perdidos en la línea de un mar frente a las costas
de New Jersey como un plomo de pesca
en una oscilación de plata sucia.

Sois herederos de la libertad
tan solo porque os atrevéis a ver.

Yo no creo en el océano, tan parecido
al alma, pero me conmuevo con tu manera
de codiciarlo entero:
de las profundidades
a la piel incandescente, a la poderosa brisa.
Pues sé que ya no crees.
Como yo eres ateo
de esa diosa pagana, la belleza,
pero conoces el mecanismo de la luz,
una luz que despliega su juego trascendente
en un vuelo imposible de pamelas de paja
que despeina a las niñas en Madeira o Florida.

Aquí el sol se descuelga
por los esqueletos de los árboles
como un niño o un mono.
Mi existencia la cubre la pátina del tedio,
y me duele escribir nuevos poemas
en sustitución de las cartas que hace unos meses
escribía con un raro candor.
Me entretengo en las blancas perspectivas inútiles.

El sudor se hace parte del océano.
En Boston, los penachos rojizos de los árboles
dan sombra a aplicados muchachos que leen versos
de Stevens o de Larkin,
y a parejas formándose como raras nubes
que se cotejan
inexplicablemente.

Boston, que no existe si no es
por el paso del tiempo.
Lo mismo que tampoco
existe Buenos Aires
si no es por la nostalgia arrastrada de los tangos,
los desaparecidos, el sórdido arrabal.
Lo mismo que no existe la aventura
si no es por la enfermedad despótica y la muerte.
Igual que no existía
el viejo molino de mi abuelo
de no ser por las ratas.

A ti que has arruinado tu mirada
en límites azules, desgastados
por muelas, mascarones, cotidianas
tragedias, te ofrezco el amanecer
en que se alejan las renqueantes carabelas,
la inocencia desgarrada de todos los mitos.


Publicado en la revista “Clarín”, nº 63

4 comentarios:

Da dijo...

Ha sido un placer leerte, sólo me gustaría saber dónde podría conseguir tus libros.

Un saludo.

Isabel Rodríguez dijo...

Tus poemas me han parecido muy interesantes. Y sí que tienes una voz propia. Seguramente se acendrará y se definirá más, pero ya la tienes ahora y es una voz enormemente sugerente.

Portavoz y Vicepresidente Segundo dijo...

Soy Miguel Alarcos, al que mencionia mi querida Marta Alejandra Sirvent. A ti, Alejandra, te digo -y creo que ya te lo dije- que has evolucionado claramente y que estos poemas me encantan. Uno ya lo habías leído en uno de los recitales de nuestro Círculo Cultural Pigmalión.

A Agustín, encargado y coordinador del Blog, aprovecho para decir que no sabía de este blog y acabo de encontrarme citado de casualidad. Me gustaría participar, ya no solo porque pueda conocer a varios de los poetas aquí reunidos, sino también como poeta me gustaría participar en este intercambio virtual de poesía contemporánea. Por lo demás, soy el Vicepresidente del Círculo Cultural Pigmalión, a cuya Junta también pertenece Alejandra, y que, extendida por toda España, se dedica a organizar actividades creativas -sobre todo recitales poéticos y/ o musicados-, especialmente en nuestras Sedes de Oviedo y Madrid. Tenemos también blog.

Este Blog es una idea genial. Pondremos en el nuestro el vínculo o enlace con él.

Este

lasafinidadeselectivas dijo...

Apreciado Miguel, facilítame un e-mail o escríbeme a gmunter@hotmail.com y con mucho gusto te explico lo qué necesito para incluirte en el blog.

Saludos
Agustín