jueves, 1 de febrero de 2007

SANTOS DOMÍNGUEZ RAMOS




















(Foto de Enrique Cidoncha)


Mencionado por:
Basilio Sánchez
Javier Vázquez Losada

Menciona a:
Francisca Aguirre
Felipe Benítez Reyes
José Manuel Caballero Bonald
Antonio Colinas
Antonio Gamoneda
Pablo García Baena
Félix Grande
Diego Jesús Jiménez
Juan Carlos Mestre
José Antonio Ramírez Lozano
Basilio Sánchez
María Sanz
José Antonio Zambrano




Bio-bibliografía

Cáceres, 1955. Fue premio nacional de Poesía del Ministerio de Educación por su libro Cavernas de la Piedra (1983). Obtuvo en 2004 el X Premio Gerardo Diego por Tres retratos del frío y en 2005 el Premio Internacional Jaime Gil de Biedma y Alba con Díptico del infierno, el Premio Eladio Cabañero con Las provincias del frío y en 2006 el Premi Tardor con En un bosque extranjero, un accesit del Ciudad de Zaragoza con La luz del palimpsesto, el LIII Premio Alcaraván con Cementerio alemán de Yuste y el Premio Internacional de Poesía Barcarola con Las sílabas del tiempo.
En 1994 publica en la Colección Alcazaba de Badajoz Pórtico de la Memoria, libro al que siguieron La orilla del invierno. Colección Almenara. Cáceres, 1996, Cuaderno de Abul Qasim. Colección Alcazaba. Badajoz, 2001, Tres retratos del frío. Tomelloso, 2oo4, Díptico del Infierno. Nava de la Asunción, 2005, Las provincias del frío. Algaida. Madrid, 2006, y En un bosque extranjero. Aguaclara. Alicante, 2006.
Mantiene un blog (En un bosque extranjero) y ejerce la crítica literaria y en las revistas Encuentros de lecturas y lectores y en los portales de Internet No te salves. y Mentes inquietas.





Poética

Quiero recordar un aforismo de Wallace Stevens (La lengua es un ojo) que quizá sea el que mejor resuma lo que pienso hoy sobre la actividad poética y el poema. Es decir, el poema es, como experiencia lingüística, una forma de ver la realidad, una forma de estar en el mundo. Mirada y palabra, las dos alas que remontan el vuelo del pájaro de la poesía, como advirtió Cernuda. Poesía por tanto como meditación, pero también cada vez más como método, como forma de conocimiento a través de la iluminación de la lengua encauzada en imágenes y ritmo, como caza nocturna en un bosque extranjero.
El poeta se convierte así en un cazador de voces, por decirlo con palabras de Rilke, en el artífice de una experiencia con los límites de la lengua, del conocimiento y de la realidad.
Una experiencia en la que surge de nosotros algo que ni sospechábamos que estuviera allí, como decía Milosz en un verso memorable. En algo parecido pensaba Lorca cuando decía que se vuelve de la inspiración como se vuelve de un país extranjero.





Poemas


LEAR BAJO LA TORMENTA

Blow, winds and crack your cheeks
(Shakespeare)

Sobrevuelan los buitres mi ceguera de nieve.
Ladran los perros. Anda
despierta la mentira mientras la esquirla afila
su venganza agudísima por mis ojos nublados
y sube la gangrena y muerde la conciencia.

Como una penitencia, un erial pedregoso
abona mi osamenta y nutre la morada
flor antigua y sin savia de los días pasados.
Leve flor sin raíces, ni color ni perfume
que deshoja su lento tránsito de minutos
sobre el desconcertado esqueleto del perro.

Una luz boreal, más débil que mi sangre,
entristece mi reino y por las caracolas
se despeña el aullido del arrepentimiento.

El mundo se ha incendiado como un árbol podrido
que ofrece al rayo un torpe fantasma de vigilias,
el espectro dudoso de su sola orfandad.

Yo he prendido esa mecha.
Es justo que ahora purgue mi error y mi soberbia
con este caminar sin curvas ni horizonte,
por este espacio ancho, como de última aurora,
con simiente de lobo y lengua de serpiente.

Ah, mis ojos cegados en la noche confusa
de la víspera, oh turbio eclipse del sentido,
duro como la tierra yerma por la que vago.

Recién desembarcado en la desolación,
un helado anticipo de largo escalofrío
quebrará la mañana con su silencio blanco.

Entonces será el buitre y el colmillo del perro,
la carroña, el pantano, la lechuza en las torres.

(De Las provincias del frío. Algaida, Sevilla, 2006.)






PASTORAL DE OTOÑO
(Con Leopardi)
ed erra l’armonia per questa valle” (G. Leopardi)



Sentado en una piedra
he aprendido a mirar la tarde con los años,
más allá del paisaje, más allá de los hombres.
La luz dominical de una campana blanca
suena alegre y lejana y viene de la infancia.

Me he asomado al abismo
donde el cuervo levanta la urgencia de su vuelo
con el raudo dibujo de un presagio sin hora.

Con plenitud de mieses
está maduro el grano, en sazón la provincia
boreal de la fruta.

Segado está ya el trigo y lista la serpiente
al espasmo ondulante del ciclo riguroso.
Ya amarillea el hinojo su cruz invertebrada
contra la tarde leve y sus altos silencios
de pájaros azules.
En la base del monte una nube levanta
su columna barroca densa de agua y de luz.

Y están solos los ojos en el final estrecho
de esta tarde de plomo,
de helado plomo bajo y azul sobre las sierras.

El águila abandona su extensa envergadura
a las curvas caudales del viento largo y verde.
Con el canto del cuco
algo dice la tarde que el ojo no comprende
sobre la pesadumbre azul de la genciana,
sobre la persistente fragilidad del lirio,
escuetamente blanco contra la piedra gris,
bajo un ciprés sin nombre.

Y está cautivo el tiempo en los montes que asalta,
jadeante, una aspereza de jaras y cantuesos.
Cautiva la mirada del cielo de otras tardes,
desarmada y cautiva de la luz cereal
en donde ardió la infancia.

Yo no sé si esta tarde regresará otra tarde
con sus canciones verdes y su luz de campana.
Yo la fijo en su frágil vuelo y en la subida
agreste de retamas, en la ruina del arco
acosado de ortigas,
con el viento y la arena que desordena el tiempo.

(De Las provincias del frío. Algaida, Sevilla, 2006.)






EL ÁNGEL NECESARIO

La lengua es un ojo
(Wallace Stevens)

¿Qué significa un sauce?
¿Llora con los pastores de Virgilio el paisaje?

El diente de un león,
¿tiene un significado además del indicio
de su inquietante acecho?

Un rabilargo, el verde feraz de aquella vega,
¿qué símbolos transitan?
¿Dónde habita el sentido de las hogueras blancas
más allá del provecho agrícola del huerto?
¿Surte el arroyo un canto a la hierba en la orilla?
¿Reside en algún sitio la expectación de un pájaro?

No.

Sólo el ojo que mira y una lengua secreta
que convoca en lo oscuro palabras y metáforas
para explicar el sueño temporal de la vida,
la luz de la mañana, las venas, el latido
monótono del mundo.

En lo que estás mirando, ¿quién pone pena o pinta
un eje y el espíritu en la forma desnuda que hiere la retina?

El temblor del que escribe sin nombre y sin historia
y obedece a una antigua voz de granito y lava,
el que entra en la ciudad pensando en un incendio,
el que camina a ciegas por un bosque extranjero
cuando el sol se ha callado y el silencio es oscuro
y sube de la tierra como sube la noche
de la humedad del tiempo.

El que vuelve al insomnio de una voz que no es suya
pero eleva en la mano un vuelo blanco y ágil,
alto en el horizonte, lejano en los sonidos
como de otros planetas de azul desmesurado,
como una luz no usada y una lengua invisible.

Así escribe el que habita en lo oscuro, el que a tientas
va cubriendo de imágenes un mundo que no es suyo,
un mundo que no entiende,
desordenado y tierno, perverso y necesario.

(De En un bosque extranjero. Aguaclara, Alicante, 2006)