viernes, 2 de febrero de 2007

JOSÉ LUIS PIQUERO


















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Bio-bibliografía

José Luis Piquero (Mieres, Asturies, 1967) ha publicado tres libros de poemas: Las ruinas (1989), El buen discípulo (1992) y Monstruos perfectos (1997); todos ellos reunidos en Autopsia (DVD, Barcelona, 2004), Premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España. Ha traducido al asturiano a Tennessee Williams, a Arthur Miller, a Charles Dickens y a Herman Melville. Figura en una docena de antologías de la poesía española contemporánea. Vive en Islantilla (Huelva).

http://www.joseluispiquero.es/


Poética

La poesía, al menos la que a mí me interesa, no puede ser un ejercicio ni un divertimento ni una ocupación del ocio, sino una apuesta radical por la vida y el conocimiento. Lo malo es que la poesía tampoco nos proporciona demasiadas respuestas; más bien nuevos interrogantes. En cualquier caso yo apuesto en los poemas, en los que escribo y en los que leo, toda mi carne y mi sangre. Con los años me voy radicalizando, me temo. Y le pido mucho a la poesía: que se parezca a la vida, que es a la vez infierno y paraíso, sorpresa y desolación, maldición y gozo.






Poemas


ORACIÓN DE CAÍN

Gracias, odio; gracias, resentimiento;
gracias, envidia:
os debo cuanto soy.
Lo peor de nosotros mantiene el mundo en marcha
y la ira es un don: estamos vivos.

De quien demonios sean las sonrisas,
derrochadas igual que mercancía barata,
yo nunca me he ocupado.
Gracias por no dejarme ser inconstante y dulce
mientras levanta el mundo su obra minuciosa de dolor
y nos hacemos daño unos a otros
amándonos a ciegas,
con torpes manotazos.

Yo soy esa pregunta del insomnio
y su horrible respuesta.
Bésanos en la boca, muchedumbre, y esfúmate,
que estamos siempre solos y no somos felices.

Gracias, angustia; gracias, amargura,
por la memoria y la razón de ser:
no quiero que me quieran al precio de mi vida.

Gracias, señor, por mostrarme el camino.
Gracias, Padre,
por dejar a tu hijo ser Caín.










MENSAJE A LOS ADOLESCENTES
Esto no debéis intentar repetirlo en casa, niños.
Niños, probad a hacerlo en casa
y sabréis lo que es bueno sin que os lo cuente nadie.
Recordad que no hay nada que vuestros padres puedan enseñaros.
Ellos no son vosotros.

Acostaos, bebed.
Hace siglos que están ocurriendo estas cosas
y nadie ha demostrado
que sean mucho peores que una guerra.
Existe un paraíso tras esa raya blanca.

Cuanto hace daño y no hacéis,
niños, lo estáis cambiando por la serenidad.
¿Os han hablado de ella? ¿Sabe alguno a qué sabe?

Si ignoráis quiénes sois evitad el rodeo
de averiguarlo uniéndoos a los demás. Una plaza en el grupo
es un puesto en el mundo;
ahora bien,
niños,
que levante la mano el que quiera morirse siendo útil y sensato.
Tenéis razón: no es nada divertido.

Por lo demás, sé que no sois felices,
a lo mejor pensábais que todo el mundo os odia. Pues es cierto,
pero sobran motivos: sois jóvenes y estúpidos
y no tenéis derecho
a todo ese futuro que vais a malgastar (como nosotros).

Entonces, ¿estáis solos? Así es.

Aprended a ser libres, practicad la mentira;
sabréis por experiencia que es más sólida que una verdad pactada.

Y sobre todo,
niños,
no creáis
que la vida merece la pena de vivirse
sólo porque lo juren desde siempre los peores canallas.










LÁZARO OTRO

A Judith Gallimó


Y salió el muerto, atado de pies y manos
con vendas y envuelta la cara en un sudario.
Jn, 11, 44



He perdido la voz. Me he perdido a mí mismo.

Ausente sin saberlo,
he vuelto para ver que reconozco a todos
excepto a uno: a mí,
ese que balbucea -es tan extraño-
soy yo, pero no soy
quien esperaba ser. Le odio.

¿A dónde fui sin ir? ¿Me he quedado dormido? Juraría
que oí saludos, besos, una fiesta.
¿Dónde puse mi copa? Sólo me fui un momento.
Ese fin de semana deslumbrante que todos esperamos
cada maldito día laborable
y yo me lo he perdido. ¿O me he perdido en él?
Hubo una madrugada. Se podía morir por un secreto,
jadeando de pura felicidad, hablando horas y horas.

¿He de escribir yo sólo todas estas palabras? Las tareas
se me han acumulado, minuciosas y absurdas,
y ahora soy un secreto gritado al mundo.
Esta es mi casa y estos son mis poemas.
Toca con los nudillos en mi pecho, toc toc, estoy vacío
y ya no sé.

Como uno más habré de confundirme entre la gente
que ya no es joven y gasta dinero.
Sólo me moriré de calendario, ¿qué más da?
Pensándolo despacio, cierto es que me parezco al que ya soy
y su cháchara tonta es mejor que el silencio.

Y él nunca morirá de buen amor
ni maldita la falta que le hace.


-Todos los poemas pertenecen a Autopsia (DVD, Barcelona, 2004)-

2 comentarios:

Josué Ramírez dijo...

Leí Monstruos perfectos hace años, y desde entonces a esta parte lo releo y lo comento con quien conmigo lea. Mi ejemplar lo he prestado varias veces e incluso ha repetido lector. A mí me gusta por su cinismo, su capacidad anfibia en cuanto al decir sexuado y porque hablas de cosas que ocurren entre los que se aman y los que se sienten cerca: traiciones, queja, chantaje; todo ello con el tono del humor cruel y la sonrisa amigable que no oculta la mano con la que manda el beso o el puño que se cierra para mandar lejos. Pero sobre todo porque para escribir como lo haces no es necesaria la desfachatez ni la despreocupación, sino el gusto literario y la conciencia crítica de los principios motores que nos ungen a diario el acto o el pensamiento, ya no digamos las emociones que de desatan después de leído el verso. Cuando premiaron en España a José Eugenio Sánchez yo reseñé con entusiasmo su libro, señalando que sabe reír y dije entonces que había por allá, en las latitudes que recorres otro que sabe reír, y escribí tu nombre y el título de tu libro. Tus poemas me divierten y me llevan a la convicción reconfirmada de que nos equivocamos de otras maneras ahora, cuando ser moderno no es exactamente ser modernos sino traer un discurso o una impostura previsible. Me gustan esos poemas tuyos aun cuando me molesta el tono moral que subyace en algunas de sus recomendaciones. Dices corrosivo y lo dices bien. Te saludo, vate, en un mundo de vanidades inquebrantables y risitas con servilleta en mano. Tus poemas, que es donde te rifas (yo no diría la sangre y el cuerpo porque el pleonasmo me parece incluso) pero sí en la página y en su destinatario. En fin, salud.
Josué Ramírez ulisestrivial2001@yahoo.com.mx

Cristian Perelló dijo...

Verdaderamente fiel a la poética de arriba. Radical. El primer poema es amplio y atronador, como un golpe humano que aspira a universo, como lo contrario al universo que puede hacerse pequeñito sólo con la mente. Enhorabuena.