jueves, 8 de febrero de 2007

ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA



















Mencionado por:
Basilio Sánchez
Francisco Onieva
José Luis Puerto
Isabel Rodríguez
Raúl Alonso
Antonia Álvarez
Ana Patricia Santaella Palhén
José Cañuelo
José Puerto Cuenca
Antonio de Egipto
José Manuel Pozo Herencia

Menciona a:
Antonio Colinas,
Álvaro Valverde,
José Luis Rey,
Joaquín Pérez Azaústre,
Javier Vela,
José Martínez Ros,
Francisco Onieva,
José Antonio Gómez Coronado.





Bio-bibliografía

Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque -Córdoba-, 1957) ha publicado hasta el momento más de doce poemarios entre los que destacan “La tumba del arco iris”, “Los pájaros del frío” y “El vuelo de la bruma”, y ha obtenido premios como, por ejemplo, el San Juan de la Cruz, el Rafael Alberti, el Andalucía de la Crítica, o el Fray Luis de León.




Poética
Bucear en los territorios de la memoria para hallar las raíces y la desolación del tiempo perdido es lo que me motiva, esencialmente, a la hora de escribir. Luego, por otro lado, está la recreación meditativa de mi espíritu dentro de la naturaleza y el amor que me mueve a nombrar las siluetas de los pájaros y los melancólicos nidos de la infancia, sin olvidar los símbolos del campo: el rumor de los chopos, el agua de los arroyos, el dolor de los puentes en la luz del atardecer. Símbolos que me reconcilian con un espacio silvestre y puro en el que verdaderamente fui feliz: el paraíso rural de mi niñez. Mi obra poética, sin duda, reside ahí.






Poemas


Río Cuzna

Colocabas las cañas junto al río:
silencios de bambú
sobre la hierba. Planeaban libélulas
y el cielo
en el agua reflejaba mi inocencia.
Me entregabas cien peces luminosos
que yo escondía
a la orilla de una adelfa.
Si ahora volviese aquel tiempo
intentaría
sujetarte en mis ojos para siempre.
Sé que aún vuelan
silenciosos petirrojos
sobre la mancha antigua de aquel bosque.
Sé que en la orilla
oscura de las mimbres
aún reverbera el eco de tu risa.
Pero ya es tarde: del cementerio sube
un rumor de agua umbría marchitándose.
Hiela en el río,
y las carpas no comprenden
que el mago de los peces se haya muerto.

Del libro “La tumba del arco iris” (Colección San Juan de la Cruz)





Las barnaclas

Delante, aquel silencio.
Las barnaclas
surcan la misma ruta: un cielo de agua.
Vuelan susurros
y el humo repta azul
por la quietud del valle.
¿Quién nos habla?
La luna deja luto
en el abismo de los caminos blancos.
El viento pasa
como una esbelta lágrima de anís
entre las piedras muertas.
En los bardales,
aún puedes reencontrarme. Queda el frío
y aquella paz.
Detrás, todo es cansancio.

Del libro “Los pájaros del frío” (Editorial Renacimiento)






La pedrera
(Abuelo Alejandro)

Al frente, veo la hilera de los álamos
sumergidos en la lluvia,
como músicos
vagando por la inmóvil majestad
del campo abandonado.
Es todo oscuro
y, sin embargo, toco las arrugas
de tu alma siempre alegre. En el dibujo
trazado por el agua en mi memoria,
está tu risa abierta,
el cielo puro,
la misma soledad llena de amor,
la misma lejanía hecha de lutos.
Aún rozo tu silueta
si regreso
desnudo hacia aquel tiempo. En lo profundo,
contemplo el azul limpio
de tus ojos cruzando la vereda,
el bosque húmedo,
el viento
y la cantera de granito
como un palacio muerto, entre los juncos.

Del libro “Los árboles dormidos” (Editorial Algaida)