martes, 16 de enero de 2007

RAÚL HERRERO




















(Foto de Manuel Herrero)


Mencionado por:
José Antonio Conde

José María de Montells

Bruno Marcos

Iván Humanes Bespín

Alicia Silvestre

Menciona a:
Fernando Arrabal
José María de Montells
Bruno Marcos
Alicia Silvestre
Marta Agudo Ramírez
Iván Humanes Bespín




Bio-bibliografía

Raúl Herrero, escritor y editor. Entre su obra publicada figuran títulos de poesía, como su antología El mayor evento (2000), con prólogo de Luce Moreau y dibujos de María Luisa Madrilley, Officium Defunctorum (Las patitas de la sombra, Madrid, 2005), traducido al francés por Paola Masseau, de relatos como Así se cuece a un hombre (2001) con dibujos de Fernando S.M. Félez y prólogo de María Paz Moreno y el ensayo-dietario El Éxtasis (2002) con prólogo de Viveca Tallgren. Desde el año 2000 publica en cuadernillos el poemario Ciclo del 9, de los cuales se han editado: Las palmeras de Verona, Sinfonieta Björk, Libro de canciones de Ángela, Notas rumanas y Punto de no retorno. Ingresó en el Colegio de Patafísica de París como «auditor real». Se han traducido partes de su obra al inglés, italiano, danés, islandés y búlgaro. En la actualidad dirige la editorial Libros del Innombrable. Como creador plástico ilustra libros y muestra su obra en exposiciones colectivas e individuales.
En la actualidad relata sus diversos viajes y sucesos, además de otras cosas en el blog http://raulherrero.blogia.com/




Poética

El silencio en llamas. La transustanciación de la materia. Lo de arriba como lo de abajo. Fe, esperanza y caridad. Libertad, Igualdad y Fraternidad.




Poemas


SABES que no soy nada
y, sin embargo, no me vences todavía.
Escuchas la conversación de mis almas
atrapadas en el interior de la esfera azul.
Con paciencia me apacientas,
me ves pasar las hojas del almanaque.
La cantimplora de tus labios,
las caléndulas que braman y callan,
los vericuetos encarnados en una sábana…
No hay nombre para ese otro yo.
Tú, mientras tanto,
bailas y te desnudas compulsivamente
sobre la concha:
la espuma de pinceles.
Desde tus orificios
me ves atrapado en esta carne
que muere, se agrieta y desaparece,
pero te niegas a comerme:
hiedra de apetito y sed.

(Del libro inédito El silencio en llamas)




2. Tuba mirum

Con su paso la música compone muescas
en el tiempo irresoluto.
Por ello el filtro suave suena
para cubrir el silencio con cuerdas y pulmones.
A cada uno su muerte tenida por buena
y sellada por los acordes que el propio cuerpo
emite en la agonía,
en el suspiro sonoro para el alma.
El aullido del que emprende el camino
cede su lugar a la monocorde nota interior,
que, en ocasiones, se confunde con el silencio.
…y en compañía de tal música morimos
alejados de todo garabato, de toda huella de cuerpo.

¿Qué sería de la eternidad sin la muerte?

Cuando el aleteo de la tierra en llamas
llama al espíritu,
el libro escrito por nuestra conciencia
se abre de par en par para mostrarnos
las tachaduras, las montañas que arden,
los borrones, las olas que parecen nubes,
las estrellas alejadas por nuestra estulticia.
Muerte y naturaleza son una misma cosa,
¿a qué vendría el aliento sin la muerte?,
¿para qué extinguirse en quienes nos escuchan
sin la muerte?
Su acoso nos protege,
su amenaza nos fortalece,
aviva la inteligencia y la intuición.
Es el miedo el ajenjo que nos amenaza,
el pozo de langostas figurado por el temor que nos vive
y no nos mata.
Pero es la música, a pesar de las imágenes y las notas,
la compañía en el tránsito,
el clamor pálido que nos transmite
el último detalle perecedero
antes de temblar en lo permanente.

(Del libro Officum Defunctorum, Las patitas de la sombra, Madrid, 2005)






“No hay que deplorar la pérdida de ninguna existencia personal en ningún caso.”
Erwin Schrödinger



I.

Me ejercito para todas las muertes
con la boca ensalivada en sal,
las manos herradas por el silencio
y el rostro enguantado.

El crimen cotidiano en el espejo
muestra mi imagen acompañada de aire.
La puerta que conduce a la nada
crece a mi alrededor.

Y yo solo, sin señales ni itinerario,
sucumbo en el interior de la muerte
mientras permanecen los movimientos
de voz dúctil.

La calma ultrajada,
exenta de placer o sonoridad,
ya nada preludia.
La felicidad me somete
a todas las aniquilaciones.

Perduran las preguntas
sin réplica.
Las respuestas mueven al olvido.


(De Ciclo del 9 9.5 Punto de no retorno, Libros del Innombrable, 2006)