miércoles, 10 de enero de 2007

PEDRO MONTEALEGRE






















Mencionado por:
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Menciona a:
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Guillermo Cano





Bio-bibliografía

Pedro Montealegre (Santiago de Chile, 1975) es periodista. Actualmente cursa el doctorado en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universitat Jaume I, en Castellón, y forma parte de la Unión de Escritores del País Valenciano. Reside en Valencia desde el año 2001. Ha publicado los libros Santos Subrogantes (Ediciones de la Universidad Austral de Chile, 1998); La Palabra Rabia (Editorial Denes, Valencia, 2005), y El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de Agosto, 2006). Publica en el blog: http://montealegrepedro.blogspot.com/




Poética

Bien dice René Char: “No existe poema sin provocación”. Eso no quiere decir que escriba de acuerdo a esta fórmula, o que mis escritos produzcan cosas inesperadas, o que sean provocadores. Pero al menos me gustaría pensar que hay una tendencia a eso: provocar una lectura molesta cuando nada parece molestar; cuando todo es correcto o previsible; cuando parece que no pasa nada adentro o allá afuera.




Poemas


Tómale el pulso: el aire pega: Ta-tá, Ta-tá. Ritmo de qué, -caliente, rojo, golondrino de axila, hedor de testículos, azufre, hollín, mango de cacerola expuesto a la llama. En la fiesta: transe: ¿sí o no? -sobre el miedo- transidos, transar la fuga: chico contra la azucena: friega, friega. La muerte es así. Era guadaña. Refriégate contra ella. Tú viste eso: yo vi una azucena totalmente afilada. Un ángel salió del vapor bostezando: Ángel, gira; yo soy condensar: gotas en vidrio, tapa de olla al retenernos en Qué: ah, el hambre -sola para la sal, tonta para tentar. Comida. Comida -Apréstate, ahí: están los peces: se disputan la mosca. Sobre el agua, desde de la orilla, me come el pez -abre la jeta -lo negro es cosmos, ¿lo adivinas tú? Allí, sobre el cielo, desde el globo vacío, me zampo: ¿Qué? Una célula es Qué -la calle es igual. Si decimos roto, lo roto viene y dice: ¿Qué? Y la Q abre una grieta- y áspera. Del pliegue, un lisiado sale. Enseña: mira mi pata de madera.
Decimos madera: aludida viene y dice: ¿Qué? Y en la Q hay filiar -velo enredado, un cordero en la zarza, hijo de Abraham- di: ¿No se llama madreselva, acaso, ese tejido antiguo? Se llama luz -partiendo la nube, gran insectario- alfiler para un grillo. El cielo era negro. Y yo dije, tú, color de asesinados -manual de anatomía: todo traslúcido- Desaparecer, di Pedro apareciendo. Manuel preso en ojos: manos de tierra para ser deshechas. Cuentas de vidrio los ojos de pez -tus ojos, ¿qué hunden?-no, no: llanto. ¡No! O reconocerlos lisiados: un niño, dime, ¿qué hace un niño escondido en un muerto? Cuajo de plumas: era sarna lo que picó la línea buena de tu mano; harina la protuberancia abierta de tu omóplato. ¿Nos confundimos con ángeles? No, moscas: larvas. Sanguijuelas. Nos volvemos bichos. Y si miramos al pez desde afuera, en la orilla -él salta, nos come. Se come. Se atraganta. Ja Ja: su espina. Ja Ja: su espina era necesaria: o la inanición. Ja Ja ¿Nación? Perros de ciudad, hum: nutricios.
No, no. En el pueblo nunca se han visto perros. Un ladrillo de luz te golpea el labio. Del Paf un grito escapa diciendo: ¿Qué se rompió?Esa Q controlada, que baile, que baile. Dime esa Q que engloba la fuga del ruido Paf. Yo sueno -sano- y mendigo el pulso. Ta-tá, Ta-tá, palpita ésa, la irresistible guadaña -hoy día, azucena.. ¿Dónde estás? ¿Qué hedor te consume ahora? Si te hierve algo, ¿adónde irá el resoplido?Una célula está. Un niño lisiado también está -un sonido inaudiblelo corta en sílabas. El corte -sabemos- se inclina a parir. Cortaron, Manuel. Cortaron, Pedro. Y vino el corte y dijo: ¿Quién me llamó? Unas membranas haciéndose músculo, dijeron -músculo: a través de esa Q, yo nací sin días. Tras el hambre, unos hombres se asomaron a la orilla. Boca de pez, boca de fe, reflejo y reflujo. Lo decían ellos: yo sé lo que hubo. Países celestes, decolorados con flama, dialéctica de llamar al hueso: digan, quién fue el nacido que te sacó de cuajo ¿Hubo guadaña?. El cuajo, el crujido dicen yo y yo.

De La palabra Rabia (Denes, 2005)







El horror conmina, su lengua de mariposa: revoloteo. Fuga de quien pulsa el ojito: Calavera, ¿te duele? Y dirá. Ay, Muerto; conquista tu natura. Pon la boca así cuando digas: costilla
cuya hermosura es chuparla. Manises representa lo ardido; el súcubo
de la vía, arlequín, burla, chirigota donde no hay chirigota. Ni goteo. Ósculo:
el desgraciado sobre lo ardido: larga calle, largo plano, mausoleos así-vivienda, piso, serrucho y golpe del clavo -Ay, sentiste milímetro a milímetro su hierro. Sentiste rasgándole el bícep: crujir un tendón. ¡Rask! Aquella fisura parecida a sonreír: la azucena de la muerte abonada en la boca. Crece en el hueco -demasiado abierto- el abrazo.
El horror pregunta, qué obituario: abecé, etcétera: se puede ignorar el chasquido, la lengua imitando gallinas -tartamudeo- se desmembralo que se llama hablar: traba su verbo con una feca en llamas. Quiere decir ira pero le sale consomé; le salen virutas de quien raspa una silla; el espesor de saliva cuando rabea es así: decir Oink de cerdo -me llamo Oink de cerdo- tú palpas tu cuero -pulido- de corzo. El horror parte en erres los jirones del templo. Rabia, crispar -los dedos- trenzarlos, carbón en su punta: vamos, comiencen a escribir. Manises. Puerto Varas. Feo bofe de buey -no preguntó el miedo- asintió al cuchillo. ¡Qué se yo
si lo partido fue el aire! Bofe. Hígado. Menester ver entrañas antes de ver la luna. Asadura, desguace, cámara de autopsia. El horror nos informa: mira tu padre: su pata de palo, su ojo de vidrio impermeable a la luz. Su mano metálica, cascanueces de qué. Un petardo estalló -silencio, dinos: ¿Qué fue de ti, allí derrotado, escindido como un higo? Boca de nadie te come y dice: Papá, Mamá: lo que llamamos Tú, transparente como Tú. Una aguja de guerra te coserá los labios. Aviones a chorro trazarán geometrías difíciles de entender. En la mesa el arroz,
expresión grotesca de lo inacabado. Los sobrinos en papel del blanco, ¿qué es desaparecer? Los muertos de miedo recomiendan asir. El horror girando y girando en un carrusel, se agota, se marea y es marea; clava la mariposa en el ojo del caballo.

De La palabra Rabia (Denes, 2005)






GÉNESIS

Comencé como un doble. Negando y negado, al renacer tanto higo
y no madera de su árbol, la cerveza y no cebada de una espiga, una sola,
y el alma en almácigos con la voz de mi mortal, con el pie de mi inmortal,
con el agua por delante: una fuente en el mundo y dios todo para mi sed.
Comencé las ilíadas sin parte, ni linaje.
Así me despedían: blanco entre las sábanas colgadas al aire
y hambriento por la forma, la verdad de un leño ardiendo: un fénix
con su pico atragantado de cenizas. Yo el funesto de los ojos
arrugados como vientres. La mancha sin causa en la madera fosilizada:
tu huella, la mía, formando un mosaico. Un vitral que consagra
tu memoria a una imagen. La nave de un templo que guarda los deudos:
mi cirio goteando tu poco de muerte.

De El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de agosto, 2006)

1 comentario:

Cristian Perelló dijo...

El último poema me ha parecido genial, muy evocador.