lunes, 15 de enero de 2007

MANUEL MOYA

















Mencionado por:
Miguel A. García Argüez
Diego Vaya
Luís Ene

Áreo Lórima



Domingo F. Faílde


Esther Muntañola

Francisco Vaz



Luis Felipe Comendador

Agustín Porras

Miguel Ángel Contreras

David Benedicte

Menciona a:
Luis Felipe Comendador
Angela Ramos
Aureliano Cañadas
Miguel Mejía
José Antonio Sáez





Bio-Bibliografía

Manuel Moya nació en Fuenteheridos (1960). Poesía: La noche extranjera (1994), Las islas sumergidas (1996), Salario (1998), Taller de máscaras (2001) y Lección de sombras (Renacimiento, 2002) e Interior con islas (Pre-textos, 2006). Bajo el heterónimo de Violeta c. Rangel La Posesión del Humo (Hiperión, 1997) y Para nada (2000). Prosa: La sombra del caimán y la novela La mano en el fuego (Ed. Calima, 2006). Premios: C. Córdoba, C. Las Palmas o Leonor. Figura en importantes antologías y estudios de la poesía española de los ´90. Traductor de Libro del desasosiego. Se ha ocupado de ediciones críticas de autores como Bergamín o Miguel Pizarro.




Poética

Para mí el poema es un viaje. Un viaje hacia ninguna parte y en esto se parece a la vida. Busco en el poema el latido y el aullido de lo humano. Tonterías las mínimas. Gilipolleces, las mínimas. En cinco líneas no se puede decir nada y en cambio en un poema de cinco versos cabe el mundo. Quién se lo explica.




Poemas


DUDAR, dudar hasta caer rendido,
muerto de vida, intacto. Dudar hasta quedarme
sin sitio, ni argumentos.
Dudar hasta que sangren las uñas y el estómago,
hasta que ya la noche se me rompa
con su armazón de plomo y dexedrina.
Dudar sobre la arena hollada.
Dudar ante el granizo o el rubor, ante tus manos,
dudar, dudar, al fin,
______________desde el principio.






CANCIÓN DEL TAJO

Me quiero navegable como el Tajo
y que un hato de lucios o de tencas
salten por mi vientre.
En invierno quiero dar calor a una comarca
y en verano arrancar el escalofrío de un niño.

Me quiero navegable
y que los barcos crujan en mis huesos
y bailen las muchachas al compás de una orquesta,
que los viejos pesquen en mi orilla
y no falte al arenero su jornal, su vaso de alma.

Me quiero navegable y ser por un momento
reflejo de esos pájaros que cruzan
volando el continente,
nubes a quienes nada importa
quedarse en el camino
o deshacerse como uva en el lagar del cielo.

Me quiero navegable y estar pasando a veces
y cantar a mi modo
canciones muy sencillas y tristes.






SALARIO

A cada hombre su luna y su salario,
su tanto de sal, su pobre mano
abrasada y hueca. Yo fui
con esos hombres y como uno de ellos
he vuelto a casa con la luna en los ojos.
Como cualquiera de ellos
he visto sucederse la lluvia en los plantíos
y el sol en los últimos jaguarzos de la tarde,
cuando es la luna todavía un ojo helado.

Cada hombre tiene su luna y su prodigio,
su tormenta y su hora de estar viendo llover
impasible a la lluvia. Yo vi a los hombres,
a muchos de esos hombres llegar ante mi puerta,
llamarme por mi nombre y pues he sido
uno de esos hombres, y con ellos
dormido en el barbecho
y grabado en este tronco mi memoria
y su sazón, me vuelvo ahora,
aterido y débil en pos de mi salario.

1 comentario:

Sonia Betancort dijo...

Te admiro muchísimo. Un abrazo. Sonia Betancort