miércoles, 31 de enero de 2007

ÁLVARO VALVERDE





















Mencionado por:
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Bio-bibliografía

Álvaro Valverde (Plasencia, 1959). Es autor de libros de poesía como Las aguas detenidas, Una oculta razón (Premio Loewe), A debida distancia y Mecánica terrestre. Ha publicado también dos novelas, Las murallas del mundo y Alguien que no existe, además de una selección de artículos periodísticos, El lector invisible, y un libro de viajes, Lejos de aquí.





A modo de poética

1.- Creo, con César Simón, que "la poesía es, antes que nada, un carácter"; que "existe como una forma de vida". Tres viajeros van por una carretera. Uno de ellos repara en una casa derruida que tiene ante su puerta unos cuantos frutales florecidos. Uno de los tres comprende de inmediato que esa imagen es símbolo del paso irreparable del tiempo y de la historia. Sólo uno, en fin, quizá más tarde, hablará en "un poema de su visión acerca de esas ruinas". Como otros con el ajedrez, el fútbol o la papiroflexia, encuentro en la poesía un método de conocimiento de mí mismo y del mundo, una manera de decir y de decirme, de entender y de entenderme, de mirar, en suma. Con todo, convendría recordar aquí una reflexión complementaria de Francisco Brines: "El poeta sólo existe cuando escribe, y en los restantes momento es sólo el hombre que es". Nada más triste, añado, que ir "de poeta" por la vida.
2.- A la defensiva de críticos de salón, con frustrada vocación de entomólogos, he elegido el término de "poesía de la meditación" para referirme a la tradición que me es más propia; una manera de decir que siempre ha atendido al pensamiento y que tendría en Jorge Manrique y Francisco de Quevedo, en Wordsworth y Leopardi, en Miguel de Unamuno (que la nombró) o Luis Cernuda, algunos de sus más notables y certeros representantes.
3.- El poeta cubano Eliseo Diego escribió que un poema es "una conversación en la penumbra". A ese tono confidencial de lo dicho en voz baja, entre amigos, como quien va desgranando una idea, tal vez un pensamiento, quiere adaptarse mi voz.
(Publicado en la revista BACIYELMO, Cáceres, 1998)






Poemas

MR. T. S. ELIOT, RUSSELL SQUARE

¿qué haremos nunca?
T. S. E.


Ejerzo el simulacro
(hábil y hasta ordenadamente).

Anudo la corbata, aliso la camisa,
pongo perfume en el cuello, guardo el tabaco,
tomo la cartera y el sombrero,
incluso doy un beso al salir, según costumbre.

El ritual observa unas leyes precisas,
conocidas maneras aprendidas de antiguo.

Por el camino, olores que devuelven
establecidos vínculos.

En la boca el sabor
de dulcísima noche anegada en oporto.

Mientras en calles vacías mi paso torna eco,
¿dónde el poema alucinado
que urdí de madrugada?,
¿dónde la vida aquella
de lecturas y mapas
sin que asistiera culpa u orgullo o desolación,
dónde tus sienes azules como ánforas
y el asidero rubio de cabellos de humo?

Ya no hay rictus, máscara, ni escenario capaz.

Desde esta ventana de Lloyd se ve la muerte.

De Territorio, 1985






Cementerio alemán, Yuste

TIENE la muerte una medida exacta.
En línea, los túmulos recuerdan
los nombres y las fechas de los héroes.
La edad ignora cuándo
podría haber llegado el dulce fruto
final de la derrota.
Nada preserva, en cambio, la memoria
de aquellos que cayeron en combate.
Sus rostros son anónimos. Sus vidas,
hermosas y lejanas como el sueño
que habita las ciudades que dejaron.

Nos trae a este lugar una costumbre
de ausencia y de sosiego.
Hacia el sur, bajo el muro,
duermen viñas caídas
y a la sombra sin sombra de los viejos olivos
el silencio es solemne.
Con las últimas luces, la mirada se pierde,
luminosa de eterno.

De Una oculta razón, 1991






MECÁNICA TERRESTRE

Lo mismo que una imagen
recuerda a alguna análoga
y una sombra a la fresca
humedad de otra estancia
y un olor a una escena
cercana por remota
y esta ciudad a aquélla
habitable y distante,
así, cuando la tarde
se hace eterna y es julio
todo expresa una múltiple,
inasible presencia,
y el agua es más que el filtro
de lo que fluye y pasa
y la luz más que el velo
que ilumina las cosas
y el viento más que el nombre
de una oscura noticia.

De Mecánica terrestre, 2002

5 comentarios:

Miguel Mas dijo...

Me alegra que se cite al poeta César Simón. También el concepto de "poesía de la meditación" me parece importante. Pásalo.

angel dijo...

Estupendos poemas, me ha gustado, sobre todo, el último, cortado en heptasílabos. Tu blog es un mapa abierto que aprecio.


Saludos...

José Antonio Gallardo dijo...

Deseaba leer tus poemas, y el azar contemplativo me alegró los ojos. Gracias por mencionar mi libro en tu blog. Un saludo, José A. Gallardo

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

Me encantan la precisión y el ritmo de estos poemas. La idea reposada, su atormentado fondo, como el de Eliot. Saludos desde Costa Rica.

Alfredo J. Ramos dijo...

Ese cementerio alemán que se extiende a la sombra de Yuste, por sobre Cuacos, no es éste del poema. Pero las hileras de palabras y sus bultos dispuestos con todos los sentidos abiertos produce una impresión equivalente en la sensibilidad de quien lee evocando. ¿Qué le añade al poema el referente, el (supuesto) blanco de la diana? ¿Qué le resta? Me refugio, quizás encantado, a meditar en ese encantamiento.