lunes, 29 de enero de 2007

JORDI DOCE


















Mencionado por:
Basilio Sánchez
Álvaro Valverde
José Luis Puerto
Eduardo Moga
Francisco León
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Menciona a:
Basilio Sánchez
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Francisco León
Álvaro Valverde
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Julio Trujillo




Bio-bibliografía

Jordi Doce (Gijón, 1967) es autor, entre otros, de los poemarios Lección de permanencia (Pre-Textos, 2000), Otras lunas (dvd Ediciones, 2002) y Gran angular (dvd Ediciones, 2005), así como del libro de notas y aforismos Hormigas blancas (Bartleby, 2005). Ha preparado ediciones bilingües de la poesía de Paul Auster, William Blake, T. S. Eliot, Geoffrey Hill, Ted Hughes, Charles Simic y Charles Tomlinson.






FACETAS DE UNA POÉTICA EN CURSO


En un poema todo sucede por primera vez.

Desconfía de los artistas que no tienen los pies en la tierra, que no han construido una base firme sobre la que asentarse. Desconfía, en definitiva, de aquellos a quienes no puede mirar a los ojos.
Pero aquellos a los que sólo puede mirar a los ojos le aburren.

Decirlo. En los nudos de la lengua. En las pausas del corazón.

Lo que realmente importa sólo es posible decirlo de una manera.

Para el poeta, uno más uno es siempre uno.

Poema, galería de espejos. Pero lo que se pasea por sus corredores es invisible.

Versos como plegarias a lo que tal vez logren crear algún día.

No hay poema sin ventana.

Busca palabras que no se conozcan unas a otras.

Aunque el poeta es capaz de sentir en pleno agosto el frío y la nieve del invierno más feroz.






Poemas


DESIERTO DE LOS MONEGROS

El coche en sombra bajo el tendejón
y flecos de maleza parda junto a las ruedas.

El sol de mediodía percute en el asfalto
y siembra el arenal de transparencias.
Dos muros desdentados,
una señal de tráfico,
restos de chapa y neumáticos rotos
son cuanto evoca
el tiempo de los hombres, su transcurso.

La botella de agua y tus gafas veladas.
Estar de paso es de repente
este paisaje alucinado,
esta incredulidad de diez minutos
que es otro modo de distancia
y convierte la vida en memoria precoz.

Dejas caer el agua por tu frente
y el pelo se te encrespa, más oscuro.
Has vuelto a abrir los ojos
y una sonrisa rompe el maleficio,
este breve paréntesis de insidia
que tiembla con el aire.
La mueca de tu alivio es una calma
y sé reconocer su contundencia.

Veloz hacia un destino
que nos llama sin conocernos,
el coche arranca y deja surcos en el arcén.
Queda sólo esta luz,
la aguja fiel de agosto
que horada cuanto toca,
más allá de nosotros.

(Gran angular, DVD Ediciones, 2005)









INVERNAL

One must have a mind of winter…
Wallace Stevens

El tiempo no te ha dado las respuestas,
sólo nuevas preguntas.
Declina con las horas
la luz, las calles se despueblan,
desde tu cuarto sólo ves
un futuro de ramas harapientas,
la noche agazapada en los tejados,
y crees sentir, incluso, esa quietud
que precede a la nieve
como un aliento contenido,
algo que espera a ser
y desespera.
El invierno
lo hace todo más simple,
con su buril de frío y de carencias.
Es una disciplina,
un acuerdo entre el mundo y su reverso,
el lado de penumbra en que se apoya.

El color de la tarde
se iguala al pensamiento.
Cae sobre la calle
una luz aclarada, casi exenta,
y todo se distancia y adormece
como en un objetivo,
como si el mundo fuera un diagrama del mundo,
un mapa desnutrido y eficaz
que ha dado con el hueso de las cosas.

La mente se complace en el invierno.
Le alivian sus aristas,
su quieta economía,
la forma en que se atiene a lo que tiene.
Todo lo simplifica,
también estas preguntas intranquilas
que cambian con el tiempo,
que no cambian.

(Gran angular, DVD Ediciones, 2005)









VISITA DEL GRAJO

El grajo que reposa en esta página
–el mismo que ha graznado en tantas otras,
profetizando noches, carencias, desengaños–
no tiene constancia de su rango:
el frío del norte enciende su instinto
al azar por los caminos del aire,
pendiente de los hitos del insecto y la semilla.
Es grajo sin saberlo. No conoce
las ropas que le cuelga mi superstición,
los temores y equívocos que su vuelo despierta
bajo la terca lividez del cielo.
Vive ajeno de sí,
absuelto por un clima sin clemencia:
yo lo contemplo desde la ventana
de mi vieja inquietud.

El pulso punitivo de mi ensueño
construye un nido en esta página.
No sé si el grajo viene o es su sombra
la que ahora mira sin mirar, plegadas las alas,
con ojos que me juzgan transparente,
este grajo que trazo con mis dedos
y en el frío de marzo grazna su indiferencia.
El negro de sus alas rima con la pizarra
cuando de pronto tuerce el cuello
buscando no sé qué, tal vez una salida.
Ignora que fabulo su reposo
a fin de que él encarne mis temores.

(Otras lunas, DVD Ediciones, 2002)