lunes, 29 de enero de 2007

ELVIRA LOZANO


























Mencionada por:
Ángela Serna
Begoña Abad
María Rayo

Menciona a:
Olga Novo
Belén Reyes
Ángela Serna
Miriam Reyes
Begoña Abad
Ana Alcaraz
Carmen Ruiz Fleta


Biografía

Nazco en Zaragoza en 1975. Crezco a ratos, cuando me dejan o puedo. No me reproduzco y cada vez menos. Y algún día, con o sin Cucal aerosol, muero.



Poética

Empecé a escribir por una mezcla de aprendizaje e instinto, porque mi padre escribía y desde muy pequeña escuchaba su voz recitando poemas. Desde entonces dejo que las palabras surjan, que se combinen al azar y tracen laberintos, con la esperanza de que después, al leerlas, cobren sentido, que iluminen alguna salida que ignoraba al escribirlas. Porque confío en el poder de las acciones inútiles. Porque hoy en día a lo aparentemente inútil se le llama poesía.




Poemas



si quieres bailar conmigo
esa canción tan bonita
aún no existe todavía
pero es mi canción preferida
Albert Pla


Camino tropezando entre los granos de arroz.
Quiero y no puedo –poder
es querer– sacar los pies del plato.
Me escondo detrás de un guisante,
intuyo el instante perfecto para echar a correr.
Me da miedo el calamar, los restos
desfigurados de tentáculos. Prefiero las manos
aunque agarren del cuello y pellizquen despacio.
El camarón me hace cosquillas, alguien debería
afeitarle la barba a los crustáceos.

¿Me dejas que te lea algo?
No lo he escrito todavía
pero es mi poema preferido.

Este es sólo un pequeño refugio
para mis besos rotos.

Quién pudiera ser ahora un mejillón.




la ciudad de las palabras


A veces creo que triste
me siento más tranquila.
Quizá sea
una forma de luchar
con la mentira, o que hoy
no me queden más lágrimas
con que borrar tus huellas.
A veces creo que triste
es más fácil escapar
de la incoherencia:
pasear a solas, creer
en todas las mentiras
o en ninguna, dibujar
el escenario desnudo
de tu vida.

Sin adornos, armada
sólo con miradas, te ofrezco
inventar un mundo donde
de veras quepan las palabras.





epílogo


Creo que mi única forma satisfactoria de amar
es a través de las palabras.
O quizá, amar a las palabras,
hacer el amor a las palabras.

La mejor amante entre todas es la palabra
mullida donde recostar las heridas,
donde calmar el frío de los huesos.
La única que no traiciona.
La traicionada.

En la hora más ciega aparecen de súbito,
como la respuesta insospechada a una plegaria muda.
Son dulces y saladas, saben a promesas nunca prometidas.
Por eso nunca ofrecen:
son ellas las que se ofrecen.

Maltratadas, mancilladas, s u c u e r p o e l á s t i c o
r ec up er a al in sta nt e s u for ma p rim itiv a y eterna,
cantando la canción de las cicatrices olvidadas.

Sólo ellas me rescatan.

Las palabras.