sábado, 9 de diciembre de 2006

NACHO TAJAHUERCE SANZ























Mencionado por:
Ignacio Escuín
Vicente Muñoz
Ángel Guinda
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Dolan Mor
Miguel Serrano
Vicente Muñoz




Bio-bibliografía

Nacho Tajahuerce Sanz (Zaragoza, 1980) es licenciado en Filología Hispánica por la universidad de Zaragoza y prepara la tesis doctoral. Ha aparecido en la antología poética Noreste. Ha realizado la selección junto a Raúl García de la antología de jóvenes narradores aragoneses llamada El viento dormido, nuevos prosistas en Aragón. (Eclipsados 2006). Ha publicado su primer libro de poemas titulado Deshielo (Eclipsados, 2006). Actualmente trabaja en una librería de Z.



Poética

Mi poética se encuentra en los poemas que vienen a continuación. Nada más.




Poemas


MIS MEJORES IDEAS

“(Me levanto a escribir cuando ya estaba tumbado en la cama).
El deseo de guardar lo que se me acaba de ocurrir, persuadido
por la idea de que ya volverá, algún día, al ritmo del mismo pensamiento”.

Vicente Rubio

Mis mejores ideas, los que podrían ser mis mejores versos,
los buenos, los de verdad,
siempre se me ocurren justo
después de acostarme
y pocas veces, muy pocas
tengo las suficientes fuerzas
para levantarme de la cama.

(este poema pertenece al libro “Deshielo” eclipsados, 2006)





EL RUSO

Cómo no me va a sorprender que me digas
que sólo lees autores rusos
que Dostoievski o Chejov valen más
que todos los Cervantes juntos,
que más de ciento cuarenta relatos de Pushkin
han pasado por tus ojos
y que no soportas a tu mujer
por ser católica.
Cómo no me va a sorprender que
me digas todo esto a mí, que
no me conoces de nada, que
tan sólo te he ayudado a encontrar
un libro de Rilke (que por cierto,
no es ruso).


Cómo no me va a sorprender todo esto,

aunque lo comparta,

sobre todo lo de tu mujer.


(este poema pertenece al libro “Deshielo” eclipsados, 2006)







Futbolista


Juego de portero y estoy solo.
Tengo tanto tiempo que me dedico a pensar
en Cioran, y lo imagino al cabrón colgado del larguero,
tantos que se suicidaron y él muere de viejo.
El muy cabrón.
Ni los defensas son capaces de contener la soledad que sufro cada semana.
Por eso pienso,
además de en Cioran,
en Nietzsche y le recuerdo
que Dios no ha muerto
que si eso hubiera sucedido no seguiríamos hablando de él.

Acaban de pitar un penalti a nuestro favor y
ya no veo a nadie.
Me doy la vuelta y cierro los ojos.