jueves, 30 de noviembre de 2006

JUAN CARLOS MESTRE













Mencionado por:
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Menciona a:
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Jose María Parreño



Bio-bibliografía

JUAN CARLOS MESTRE, poeta y artista visual, nace en l957 en Villafranca del Bierzo (León). Ha publicado, entre otros, los libros Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo, Premio Adonáis en l985; La poesía ha caído en desgracia (Editorial Visor), Premio Jaime Gil de Biedma 1992, y La tumba de Keats, que editado por Hiperión y escrito durante su estancia en Italia como becario de la Academia de España en Roma, obtuvo el Premio Jaén 1999, año en el que se le concede una Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional, semejante distinción que obtiene en la VII Bienal Internacional de Grabado de Orense en el 2002. Ha expuesto su obra gráfica y pictórica en numerosas galerías de España, Europa y América.
http://www.juancarlosmestre.com/




Poética

Solo hay un acto, escribió Malraux, sobre el que no prevalecen ni la negligencia de las constelaciones ni el murmullo eterno de los ríos: es el acto mediante el cual el hombre arranca algo a la muerte. Lo difícil tal vez resida en poder vivir hasta su últimas consecuencias la vida del poema, escribirlo viene después, anotar lo inexpresable de aquella conjura contra el tiempo, hacer materia de memoria la experiencia de vida del que vive tal como le gustaría ser recordado. La vida, ha escrito mi amigo Jorge Riechmann, carece de sentido sin resistencia al mal. Muchas veces me he preguntado qué otro sentido podría tener hoy la poesía que no fuese la fundación de un acto, ya nuevo o reiterado, de conciencia, palabras sin dueño en la república de los borrados, de aquellos que conscientemente han renunciado a ejercer todo derecho que implique alguna forma de autoridad artística sobre los demás. En esa oscuridad resisto, de esa voz sin boca me alimento. Oigo voces, eso es todo.





Poemas


LA TUMBA DE KEATS
(fragmentos)


Esto sucede ante la hora izquierda en que mi vida,
violenta juventud contra el poder de un príncipe,
llama jauría a la verdad y belleza a los puentes derrumbados.
Llama flor del frío a la tumba de los náufragos,
astrolabio muerto a la nieve de los locos.
Hornea un talco negro el hambre de la muerte,
la edad de los sentidos, el obstinado aliento
de la cansada luz de octubre en el baúl de abejas.
Brota sobre esta duna blanca la vehemente hierba de las islas,
la implacable hormiga en el blando bulbo de la boca helada.
Con guantes de forense sale la noche verde de su estuche
y la tempestad retumba por el otoño roto de las ánforas.
Tiene aquí mi corazón la edad del mundo,
el pez de piedra bajo el que los recién nacidos duermen.
Sufre el impaciente un reloj de sol bajo los párpados,
la aguja inmóvil como retina fría de los caballos muertos.
Mi vida es el temblor del consternado y el indigente ciego,
la constelación del triste en un festín de víctimas.
No conozco otra conciencia que la oscuridad translúcida,
la sábana de vidrio sobre la que la infernal razón se acuesta.
Vivo separado del rumbo de las cosas, hablo el miedo
de un heredero alzado contra el funesto monarca de las ciénagas.
No espero nada de los dioses, nada de la memorable epidemia de sus jueces.
(...)
Esta es la frontera de mi vida, ésta la hora izquierda
exacta en el destino del corazón de un prófugo.
Yo iré donde tú vayas vida esquiva, en tempestad, de noche,
junto al fugitivo cazador de las lagunas, con el presidiario absuelto,
yo cruzaré los médanos con lumbre, yo abrasaré los remolinos ciegos.
He sido parcial con los vencidos, seguiré siendo parcial ante los muertos.
(...)
La imaginación es una vivienda donde los herejes hacen ruido con el Apocalipsis,
la imaginación es insalubre para las lápidas y el asiento de los agónicos,
la imaginación hizo resucitar a Jesús al tercer día,
la imaginación es un túnel de tierra de colores ante los ojos del topo,
yo he visto el mundo real de la imaginación sobre la memoria de los errores,
yo he visto al turbulento y a su ferviente amiga salvados por la imaginación,
porque el cínico no ha ido al infierno gracias a la imaginación
y el infame no ha entrado en el deshonor de su propia verdad gracias a la imaginación.
(...)
Todo lo inverosímil representa una verdad para alguien,
El unicornio es inverosímil, el ángel es inverosímil, la raya del horizonte es inverosímil.
(...)
No han sido escritas estas palabras para el conocimiento de la razón
y no porque esa necesidad de conocer el sabor de los ruidos semánticos
no asista como un deber al hombre y sea enfermedad de su inteligencia,
pero el que entra en una tumba blanca y prueba el blanco y duerme sobre el blanco
no debería ya manchar con otra elección el lugar de lo sagrado.
Yo he entrado en una tumba blanca y he comido en ella carne brillante de pez,
he bebido agua de cal como otros beben agua de Dios mezclada con lluvia,
y a esa tumba le he llamado casa y he cerrado la puerta y me he quedado a vivir en ella.
Cuando llamó el lúcido le pregunté a qué venía, vengo para saber, eso dijo.
Cuando llegó el cobarde entró también el desconocido, traían aceite para las lámparas.
Nadie me ha ayudado a equivocarme, yo mismo he abolido mis derechos.
(...)
Cierra esa llave los ojos de quienes están despiertos,
abre esa llave las ánforas de los que son ceniza.
Yo no quiero oírte fría lengua de los sacerdotes, voz reseca,
yo no quiero oírte ardiente promesa del que está bajo la tierra aguardando a su amor.
Venga a la recién nacida lápida el iniciado en el númen del diamante,
venga el fortificado en su doble triángulo de estrella,
venga el primer espíritu y el segundo espíritu y el tercer espíritu también venga,
la polvareda ataviada de desierto, la nave del maestro sobre la esfera del mar suave,
vengan los barrancos simétricos de la estratagema y la astucia,
suban desde los abismos hondos el sagaz consuelo de los ángeles,
el constructor de órbitas y el rutinario aduanero de los hábitos,
salgan los bellos insectos de los algodones mustios, los asustados animales de sus
cuevas,
acudan los frágiles pensamientos del reproche humano al viviente torbellino de las
fuentes,
llegue a la ciudad soberbia un navegante humilde, gire el mundo, vibren los dioses
en sus bóvedas,
cúmplase el pan de los hambrientos, dejen de sufrir los enemigos, deje de llover
sobre mi madre.
Piedad para el que solo imagina un punto, piedad para el que llora en las lágrimas
de otro,
piedad por el arrepentido y por el que se arrodilla sobre la oración como sobre un
cristal diáfano,
piedad por el delito que recompensará el dominio del tirano,
piedad al siervo por la compasión al amo, piedad al amo por su perro,
piedad al perro por su gratitud secreta.
(...)
Corre por las calles el rumor de la traición a Gramsci,
los índices remiten a páginas blancas, la soberbia hace frontera con la justicia.
(...)
En cada ventana del mundo hay una mujer sentada, hay otro límite del hombre,
hay otra casa,
en cada combate con la muerte hay otro peligro, otro comensal de hormigas, otro
destino sucesivo,
hay manos irreconocibles que sostienen el decálogo de la ley de Moisés,
hay cirujanos que nadie conoce abriéndole con un alfiler la puerta al pájaro negro,
hay telegrafistas descifrando la ventura y el estrago de la desventura,
los mensajes de la injuria y el precio de los desechos,
hay por cada isla otra soledad de isla y por cada maltratado hay en mi piel otro
maltratado.
(...)
Nada se llama del mismo modo dos veces, Eugenia Borissenko a quien no conoce
nadie entró en la muerte,
ahora su rostro es indestructible en la oscuridad, su voz se llama lámpara de petróleo,
se llama Charles Patrick Dark bebiendo té un nueve de marzo a los diecinueve,
se llama Nils Gustaf Palin amigo de los escarabajos en el valle de las esfinges,
nada se llama del mismo modo dos veces, nadie para la fábula de lo mortal es pómulos
y cejas, sino astilla de Adán y armazón de navío, agua domesticada en la habitación
de la muerte.
(...)
Se aburre el hombre con el hombre, una vez más es su cabeza como un bosque dormido,
en ella los venenos de la posesión hacen sufrir al enamorado y al cándido,
levantan murallas altas como milenios entre su deseo y su cuerpo,
rodean los bazares con brea de pescado, queman hojas de libros y queroseno,
especulan, traen noticias, defienden teorías, matan lo que aman.
Tuvimos una vez la felicidad, pero tuvimos a Wilde con su jergón de presidiario a rayas,
tuvimos nombre de estrella, hermosos nombres de animales bíblicos,
fuimos mujer y sol y hombre y luna, brillantes como los atunes, vivos como delfines,
pero sucedió la vergüenza y salió el basilisco con su áspera lengua de arena,
sucedió la muchacha muerta, el oficio de andar por ahí con una hoz en la mano,
sucedió la anémona de pechos viólaceos, en cada lugar entró el afilador filarmónico,
entró el ruido de los escaparates rotos, entró la maledicencia en cada casa,
las algas entraron en los cráneos de los arrojados al mar, entró la gente en las correas,
la almeja abrió sus labios en el plato gigante, abrieron sus agallas negras los
camaleones,
alguien cogió la lámpara y la apagó, alguien anduvo de un lado para otro jadeante, con
miedo,
lo incombustible ardió, el amarillo fue un color maldito, se detuvieron los trenes,
hacia otro lugar se pusieron de nuevo en marcha los trenes,
las flores se cerraron sobre sí mismas, se dieron vuelta los guantes, las cruces alargaron
sus brazos,
pasó un día, los solitarios abandonaron la felicidad, los atónitos se juntaron con los
infelices alrededor de una estufa, esperaron,
pasó otro día, algunos empezaron a oír terribles narraciones, relatos que ofendían la
verdad de la literatura,
todos por separado acariciaban su nublado pedazo de cielo, juntos lo maldecían,
la monotonía de la muerte empezó a empapar los cadáveres,
la presencia del mal comenzó a ser disculpada más allá de las barreras del ghetto,
de nada sirve que yo te ame, de nada sirve muchacha que yo te quiera,
esto es todo lo que nos ha dado la vida, la memoria del que muere en otra parte,
ahora cuando el otro es el que sufre, y es también el otro el que condena.
(...)
el que aún trae en sus dedos el olor de otro, la copa de los manantiales salinos,
el que abre la botella del náufrago, el que hace arder la sonrisa del cómico,
el errante que bajo el cielo de agosto llama a ese sitio lugar donde él quisiera vivir,
el inmóvil sobre las superficies que llama a ese lugar tierra donde quisiera quedarse,
el poseído por la alucinación de las brújulas, el que dice toda noche es pequeña para mí,
el que tiene una herramienta negra, el que la oculta para no defenderse de nada,
quien alza la mano y dice y el que no alza la mano y murmura y pone su silencio entre
las palabras que tienen valor,
el que hace ruido con la boca, el que asaltado por el temor de los grandes batracios se
calla,
el huérfano apadrinado por el estiércol de la oquedad,
el hueso del exhibicionista cristiano, la fiera cismática de los teólogos negros,
el collage de Roma tatuado sobre el torso desnudo del favorito de Adriano,
piedra de la piedad de Roma, la conciencia de Auschwitz marcada a látigo de nieve
a través del hambre de las diecisiete generaciones de Jacob,
la carreta de heno, las sandalias del gran dador de la misericordia al que llaman las
tribus Pontífice Máximo,
los doce arrepentidos tallados en piedra blanca por el dueño de los arquetipos,
el reloj de arena y la escuadra masónica, el cálculo perfecto del poder y la muerte,
el que viene en nombre de nadie, el que trae cera para los mártires,
el que trae un azafate de bronce, agua donde lavar la uña de los creyentes,
el torpe con la barba de once días del peregrino apoyándose en su cayado egipcio,
el apóstata con el juez a levantar testimonio del cadáver encontrado en Ostia,
Pier Paolo Pasolini a la derecha del suspiro del Padre,
carne de mono para las bodas del infierno,
carne de Cristo para el delito de Estado,
Roma blanqueada por la avaricia del asesinato,
Roma roída por los perros de la judicatura.
(...)
De la enumeración de los hechos el primero es la llaga de octubre,
la deportación de los hebreos durante el otoño del cuarenta y tres,
Emma Diveroli y Vittorio Lowenthal entre los ocho mil de Italia,
eso ve el descendiente que en las cercanías de Moisés no ha entrado en la sinagoga,
el nieto del sastre que a los cuarenta años reconoce a su tribu por los signos de la
desgracia
y llama a esta mañana mañana de lo fatídico,
manantial para la sed del infierno a la suma inexacta que pronuncia el coro de víctimas,
la absorta multitud de inválidos que camina en fila y atraviesa los puentes,
la columna de los desvalidos que serán arrojados a la fosa común por el historiador y el
experto,
por el que sabe los siete nombres con que se denomina el canon de la hermosura en los
países que no tienen murallas,
el que desconoce el espejismo y llama limo al fuego y hoguera a la brasa de hielo,
el que ante las hornacinas saqueadas por las tropas de Napoleón
llama Imperio a la multitud de cadáveres y cabeza de hormiga a los datos de guerra.
Roma, Roma cubierta por la imperturbable pintura de los excrementos históricos,
el cráneo de Pedro frecuentado por el enjambre narcótico de los creyentes,
la asfixia del nitrato de plata,
los escalones magníficos, los peldaños que conducen a la alegoría del perro
las catacumbas limadas por la horma del pie de los mendicantes,
los pasillos espléndidos de la paranoia verde del manierismo de mármol,
aquí donde el gran animal africano hace sonar la alarma de su bocina electrónica
y la pesadilla de Roma iluminada por un millar de teas humanas
es la rosa ardiente de la generación de la Tierra, la lúgubre soledad del césar,
la rosa de los libros que leyó Petrarca, el placer ante la crucifixión de una mujer joven.
(...)
Llamas a esto visión sublimada de la grandeza de Dios nuestro señor de las
alucinaciones,
capilla de los durmientes decorada conforme al erotismo de la eternidad llamas a esto,
como llamas ilusión al diagnóstico de Toni Negri acerca del futuro de la clase obrera, utopía a la quimera que devora a su enigma,
la metafísica de la crueldad escrita para Bogdan Bogunovich sobre su pizarra póstuma: ni el propio amor conoce su profundidad si no es en el momento de la separación,
como tampoco la separación conoce su profundidad sino es el momento del amor.
(...)
Octubre recuerda a octubre con sus frutos abiertos,
entran los enfermos en los hospitales, entra la estación de las hojas en su lugar oscuro, extiende el deseo su mantel en cada esquina, me habla el respetuoso, me sigue el cordial
fatídico,
voy por un camino aislado de la noche, por el mar de las estrellas como fugaz cangrejo
que sale de las redes,
voy de un lado a otro por un monte de documentos cerrados mientras la hierba sin
remedio crece,
voy al fuego y a la ruina del estambre del fuego, voy al aire viejo del aire.
No te entristezcas, seas lo que seas todo irá bien si traes a la verdad contigo,
todo irá bien, existirás tú amor que desmontas los cadalsos,
asistirá al hombre otra fortuna bajo los epitafios breves:
he aquí al corazón de corazones,
he aquí bajo el cielo áspero la equidad de la pasión con su locura de salario y hongo,
vánitas vanitátum et omnia vánitas.
(...)
Eso ha venido a decir el que ante las circunstancias del mundo envía a otro de
mensajero,
el que no atreviéndose a asomar su voz a la jauría manda a otro de emisario,
y ese otro dice: Ahmed Shawky fue fundido en hielo,
en hielo mezclado con lava de aceite, en agua negra de frío,
y Ahmed Shawky que nada sabe de todo esto,
que nada sabe de su paisaje invicto ni del turbulento desastre de cuerpos a la deriva,
sostiene en silencio su rosa de bronce pulida por los turcos que venden mecheros,
pulida por los senegaleses y los orientales que lejos de su patria
llaman al Tíber pequeño Río Amarillo.
(...)
Vengan de toda Italia los nietos de la ruina a unirse con los proletarios,
acudan a esta señal, vengan con su herramienta de palabras los propicios a la revuelta,
se unan parentelas y castas, los diseminados por la fatiga y los turbulentos en cada
reyerta de amor,
los débiles fortalecidos en la humillación, el linaje de los que acuden al sindicato un
sábado,
venga el rudimento, venga la conjetura y el símbolo de la multitud traicionada por los
partidos de clase,
venga el rebelde a su fecunda cábala, el seductor a su beldad, a su vibrante oscuridad el
taciturno,
venga el malogrado en su creencia, el oscilante en su duda, el roído en su galera,
venga el delirante circular, el dueño del aire con su escalera de bambú, el condenado al
fuego,
salga del suplicio el mártir, salga el extinguido de su tedio, vuelva a su peana el
derribado.
(...)
Es lícito el rencor,
Quirino Amati fue sacado de su casa la mañana del catorce de octubre,
detenido por los nazis Leonardo Sed, vecino de Roma, fue deportado ese invierno, Esperanza Efrati fue vista entrar en la nieve, llevaba en la mano una lechuza de bronce.
Acaso tú que frecuentas el ámbito de lo desconocido,
la grieta de ruido que hacen al desgarrarse las telas, el sudor de un mercado de esclavos,
tú la muerte dibujada por Alberto Durero, la fecha de los concilios,
tú el día de las conmemoraciones que recuerdan a Augusto,
cuarenta días después de la muerte de alguien, pan amasado con agua de pozo,
tú la niebla que perduras como corazón aterido en un espejo donde nunca se mirará
ya nadie,
tú el olvido.


Perdón al hombre por el hombre,
al ojo del error perdón por la verdad de su cansancio,
perdón al camello por la aguja,
perdón a la vena acústica del río por el triste merecimiento del pescador en la necesidad
del sábado,
perdón al severo sábado por la mutilación del pez azul de los dormidos,
perdón por el dormido al que no le sirvió de nada recordar un sueño,
perdón a la venganza por su espejo y al agua del fracaso perdón por la negación del
fuego.
Perdón para el murciélago y su ambición de pájaro,
perdón edad, guión de bronce entre dos cifras, lucerna de las catacumbas.
Una mujer ha levantado su indecisa mano, todo sufrimiento ha sido un sacrificio estéril,
pronto vendrá el ciervo, pronto el terciopelo verde del invierno cubrirá las lápidas,
nadie sino el cielo podrá recordar cada una de estas piedras por sus nombres,
quién a Coleman y a Curtis, quién a Clara y quién a Jakob,
quién a Trelawny que duerme a dos pasos de la tempestad de Shakespeare,
quién a Severn anciano entre los cinco dedos blancos de su pincel de mármol.
(...)
entornaré los ojos y lloraré ante ti con el lenguaje de las abejas,
la música de Renato Pace que murió en Mathausen y era abril del cuarenta y cinco,
cerraré los ojos y lloraré ante ti con el rocío que deja la mañana en los alambres de púa,
Fabrizi Ceruso caído en Tívoli a los diecinueve víctima de la violencia de estado,
levantaré los ojos y lloraré ante ti como el meteoro del granizo sobre los tejados de cinc,
y ése será el rumor de lo que existe debajo de lo que ya no existe,
el cabizbajo con su perro, la alianza de los tristes con los desesperados,
la oxidación de las fechas y la improbable memoria de los números.

4 comentarios:

Sonia Betancort dijo...

querido poeta: No es porque convenga en esta tarde torpe que efectivamente "el universo está en la noche", hace rato que tus muchas palabras resplandecen en esa luz que sólo otorga la profundidad de la madrugada. alto tu poema, cristal de las averiguaciones, de las videncias, ya nada resulta en vano después de tu lectura. Un fuerte abrazo

Manuel dijo...

Maestro:de niño le temía a las fiesta infantiles porque el misterio de los actos de magia me dejaba intranquilo. Ahora, un poco más grande, lo mágico se hace necesario cada vez más. Cada texto suyo, es un ave extraída del sombrero. Gracias.

Anto dijo...

Todavía sigo viviendo en ese ¡ah! que dejan tus poemas.

Director: Juan Diego Tamayo dijo...

Un gran asombro es lo que emana de la poesía de Mestre.
Un asombro en el que confluyen todos los vocablos.
Con admiración.
JDTamayo